El blog de la Biblioteca del IES José Planes

Estábamos agotados. No podíamos más. Toda la vegetación de nuestro alrededor se volvió de repente una mancha verdosa, el sol nos quemaba la piel y las piernas empezaron a fallarnos. Aún así seguimos subiendo por la montaña con un único objetivo en mente: llegar a la cima.

No nos rendimos y lo conseguimos. Tras un largo rato caminando entre esa agobiante maleza verde, divisamos a lo lejos un claro que se asimilaba a la salida de un túnel. Aceleramos el paso y entonces fue cuando desapareció el cansancio, la sed y el calor. Comprendimos que nuestro esfuerzo había merecido la pena por contemplar aquellas maravillosas vistas.

Respiré aquella maravillosa brisa que hacía mover mi cabello y noté cómo por primera vez desde que emprendimos el viaje, mis labios secos, agrietados y duros como la piedra trataron de curvarse dibujando una sonrisa en mi rostro como un gesto involuntario.

A continuación, mis oídos escucharon el susurro de un arrollo escondido entre la maleza. Me guie por le sonido y pude ver aquél líquido maravilloso que mi cuerpo necesitaba con tanta ansia. Bebí hasta hartarme. Mientras me saciaba, se acercaron mis compañeros para copiar mi acción. Ahora quedaba el viaje de vuelta.

Patricia Villa Hernández, de 2º ESO A.

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