El blog de la Biblioteca del IES José Planes

Archivo para la Categoría "CREACIONES"

El esfuerzo mereció la pena, de Patricia Villa.

Estábamos agotados. No podíamos más. Toda la vegetación de nuestro alrededor se volvió de repente una mancha verdosa, el sol nos quemaba la piel y las piernas empezaron a fallarnos. Aún así seguimos subiendo por la montaña con un único objetivo en mente: llegar a la cima.

No nos rendimos y lo conseguimos. Tras un largo rato caminando entre esa agobiante maleza verde, divisamos a lo lejos un claro que se asimilaba a la salida de un túnel. Aceleramos el paso y entonces fue cuando desapareció el cansancio, la sed y el calor. Comprendimos que nuestro esfuerzo había merecido la pena por contemplar aquellas maravillosas vistas.

Respiré aquella maravillosa brisa que hacía mover mi cabello y noté cómo por primera vez desde que emprendimos el viaje, mis labios secos, agrietados y duros como la piedra trataron de curvarse dibujando una sonrisa en mi rostro como un gesto involuntario.

A continuación, mis oídos escucharon el susurro de un arrollo escondido entre la maleza. Me guie por le sonido y pude ver aquél líquido maravilloso que mi cuerpo necesitaba con tanta ansia. Bebí hasta hartarme. Mientras me saciaba, se acercaron mis compañeros para copiar mi acción. Ahora quedaba el viaje de vuelta.

Patricia Villa Hernández, de 2º ESO A.

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¿De verdad es malvada la madrastra?


¿De verdad es malvada la madrastra? Os voy a contar la pura verdad de lo que me hizo la malvada Blancanieves.
Me casé con su padre y me pareció una niña irritante. Pero cuando este murió, todavía se volvió más insoportable. Yo la seguía queriendo y tratándola como mi propia hija, satisfaciendo todos sus deseos. Cuanto más le daba, peor se portaba. Llegó a un punto en el que tuve que tomar la dura decisión de enviarla a un internado, del cual se fugó. Se fue al bosque, donde encontró una casa en la que vivían siete personas de talla baja, y, claro, como era más grande que ellos, se sintió superior y los sobreexplotó, trabajando en minas duramente y sin descanso días y noches para obtener piedras preciosas que usaba para fabricarse joyas y bordarlas en sus vestidos.
Un tiempo más tarde, al enterarme de dónde se encontraba, me preocupé y mandé a una vieja amiga mía que vivía en el bosque a buscarla para asegurarme de que no estaba en peligro.Ella hizo lo que le dije, pero mientras hablaba con Blancanieves intentando hacerle entrar en razón, esta, (que siempre había sido muy maleducada), le arrebató la manzana que tenía en sus manos y, al hablar con la boca llena, se atragantó y cayó al suelo. Mi amiga, asustada, salió corriendo y nunca supe nada más de ella, ¡hasta que vendió su preciosa casa junto al río en la que vivía!
Al poco tiempo del incidente, llegaron los siete enanitos de trabajar duramente y a recibir nuevas órdenes de su temida jefa. Al verla tirada en el suelo, pensaron que estaba muerta y empezaron a llorar de alegría, ya que ahora eran libres de hacer lo que quisieran sin esa niña insolente y malcriada. Para evitar el mal olor de la putrefacción del cadáver cerca de su casa, llevaron el cuerpo a la otra punta del bosque.
Pero todos estábamos equivocados. Blancanieves no murió. Al parecer, la encontró un príncipe de un reino cercano, desmayada bajo el árbol donde la habían dejado los enanitos. La llevó a su castillo en el que la trataron divinamente y, por desgracia, el príncipe se enamoró de ella y se casaron.
En cuanto a los enanitos y a mí, tuvimos destinos diferentes: fuimos buscados como fugitivos ya que Blancanieves le contó a su marido una versión muy diferente de lo ocurrido en la que se hizo la víctima. Los enanitos fueron llevados a palacio en el que fueron los esclavos de la niña otra vez. Y yo, se supone que tendría que estar muerta, ya que la mentirosa chiquilla se inventó que era una malvada bruja que se transformaba en no sé qué y envenenaba manzanas y bla, bla, bla. Total, que me condenaron a pena de muerte. Por suerte, pude huir a Francia donde me cambié el nombre y me casé con otro hombre con el que formé una familia y pude comenzar una nueva vida.
Algunas veces me pregunto qué hubiera pasado si la gente hubiese conocido la verdad. También pienso en lo desgraciados que fueron los siete enanitos tan humildes y trabajadores. Con esto aprendí que no siempre si eres buena persona, tendrás un final feliz.

Mª José Soto, Patricia Villa, Adriana Sánchez y Pura Rodríguez. 1º A ESO

La bolsa abandonada

Había una vez una bolsa que estaba abandonada y recorrió miles y miles de kilómetros hasta que un niño la cogió y la tiró al contenedor amarillo, y a la bolsa le gustó porque había más como ella.
Entonces se hicieron todas muy amigas y, cuando llegaron a la planta de reciclaje, vieron que había muchas cosas separadas, como los cristales, el cartón, los botes… Unas valían y otras no. A las que sí valían las pusieron fuertes y guapas, pero ella seguía triste porque su amiga no servía para reciclaje. Hizo lo imposible para que su amiga sí valiera. Así que se mezclaron y, en vez de salir una bolsa fuerte, salieron dos más pequeñas y débiles, y estuvieron juntas para siempre.
Fran Andreu Nicolás, 2ºESO B

Una velada de Navidad

Todos estábamos esperando con ilusión a que llegara esta época del año, a que llegara especialmente esta noche, la del 24 de diciembre.

Como todos los años, nos han sacado del armario, han planchado los manteles con motivos navideños y los han colocado sobre la gran mesa del salón, le han dado un baño a la vajilla dorada y la han colocado primorosamente sobre el mantel.

A mí me han puesto en el centro de la gran mesa y me han encendido. Todo quedó precioso y perfectamente decorado.

Después llegaron los invitados que fueron tomando asiento en torno a la bonita mesa. Cuando se ocuparon todas las sillas, se sirvió la cena. Todo tenía una pinta exquisita. Había carnes, pescados, mariscos, dulces, etc.

Fue una gran noche llena de risas, canciones y alboroto. Sin embargo, cada vez me notaba más bajita…

Cuando todo el mundo se fue, los niños de la casa ayudaron a sus padres a recoger y, cuando todo quedó limpio, llevaron sus zapatos y un vaso de leche con galletas junto al árbol navideño que días atrás habían adornado.

Poco después, la familia se fue a dormir y…¡se les olvidó apagarme! Yo también estaba cansada y por extraño que parezca cada vez estaba más encogida…

De repente noté un ruido en la chimenea y por ella bajó un hombre rechoncho de la tercera edad vestido con un traje rojo. Al principio pensé que estaba cometiendo un delito (allanamiento de morada, claramente), pero después vi el saco de regalos y caí en la cuenta de que era ¡el famoso Santa Claus! Colocó los regalos bajo el árbol y se tomó la leche y las galletas. Antes de irse se acercó a mí, noté una brisa fresca y ya no vi nada más.

                                                                                                                                     Patricia Villa Hernández, 1ºA ESO